Sobre ser mujer en la India

foto por @stbizou

Este es un tema sobre el que llevo tiempo queriendo escribir, y que desde que empecé a hacerlo hace tiempo a altas horas de la noche en mi habitación hasta hoy, ha pasado algo de tiempo. No es tema fácil, y tampoco es plan de ofender a nadie. Esta semana, con el día de la mujer y todas estas cosas bonitas creo que... ¡es el momento de publicar esto!

He aquí un resumen de mis sensaciones siendo una mujer -extranjera- en la India.

Ah, ¡bueno! Añadir que casi todo el mundo se pensaba que era de allí hasta que abría la boca, así que no fui víctima del razonamiento -muy lógico- de "rubia/blanca, luego extranjera". Mi piel oliva y pelo negro disimulaban mucho, ¡todo hay que decirlo! (¡Vivan los genes!)

Hace casi 3 años, yo, una enana de 18 años, marchaba para la India. Lo hacía bajo el brazo protector de una ONG o asociación sin ánimo de lucro influyente a nivel internacional llamada Rotary. Rotary es conocida en algunos países por contar con miembros pertenecientes a altas esferas, algo que a mí, en cierto modo me gustaría desmentir. Rotary cuenta con todo tipo de gente. Sin embargo, y a esto es a lo que quiero llegar, es que especialmente en países en vías de desarrollo como puede ser la India, los "rotarios" no son gente especialmente pobre, de clases bajas, castas intocables, o puestos de trabajo menos respetados por su propia sociedad. Partiendo de la idea de que estas capas sociales de las que se componía el círculo en el que yo me iba a mover contarían con cierto nivel adquisitivo, y por consecuencia (es triste pensarlo y es triste que sea verdad, ¡ojalá fuese diferente!) de educación también, son mis experiencias las que son.

Pero aún viajando sobre cierto colchón o abrazo cómodo que garantizaba moverse en un ambiente relativamente conocido -que en realidad, para nada- me di cuenta de que la clase media India no tiene nada que ver con la nuestra. Uno cuando viaja y convive con otra cultura se expone a los valores y dinámicas de la sociedad en cuestión con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Yo, como persona, grito a los cuatro vientos que soy mujer. Más allá de mi cuerpo, mis formas, mi cara y mi voz. Es con lo que me identifico. Y la India, digamos, no celebra todo esto tanto como yo. Aunque tenga un festival entero dedicado a diosas mujeres y las adoren como figuras divinas continuamente. Quizás este post se debería llamar "Diario de una feminista en la India"(!!!).

Durante los seis meses en los que estuve en India, las siguientes situaciones me hicieron tener que tragar saliva:

- Comer. Separada de los hombres. Y en el suelo de la cocina. Ellos en una mesa, con alcohol, cubiertos y toda la parafernalia. Ah, y las mujeres sirviendo, ¡obviamente!

- Tener la regla. Ay, la regla. Yo esperaba que esto fuese un tabú, pero tener que envolver mis productos femeninos en papel, luego cartón, después una hoja de periódico y una bolsa negra para que la limpiadora pudiese sacar la basura sin sentir que tocaba algo lleno de pecado de la casa fue algo verdaderamente inesperado.

- Siguiendo en el tema... Comprar compresas. Tener que pedirlo en la farmacia a lo bajini, y que me lo diesen en una bolsa negra para que naaaaadie viese lo que había comprado. Porque andar por la calle con una bolsa negra no lo da a entender para nada ;) Por cierto, los tampones no existen en la India. Se los enseñé (y expliqué) a una amiga y casi se muere del susto.

- El observar a otras mujeres [locales] sí que me quitó el hipo. No conocí a ninguna madre de familia trabajadora. Algunas de las mujeres más cercanas a mí durante mi experiencia no sabían, por ejemplo, sacar dinero del banco. Sus maridos eran quienes lo hacían.

- Vestirme. Los hombros tapados, el tirante del sujetador bien escondido (¡me llamaron la atención estando en casa! ¡Ojo!), y mis piernas bien tapadas. A 38ºC y con un 80+ % de humedad. Hombre, yo esperaba tener que contar con cierto nivel de discreción pero... Los típicos pantalones anchos y coloridos te salvan de una lipotimia continua, pero en fin, ¡nada como las piernas al aire!

- Peinarme. Es broma, te puedes peinar como te dé la gana sin que nadie te mire raro. Aunque bueno, yo creo que si me planto en la India ahora con mi pelo corto se asustarían un poquito. :)

- Fumar. ¡Una mujer jamás puede fumar en público! El acercarse a una tienda de tabaco yo sola ya era el mayor desconcierto del mundo. Dudo que me hubiesen vendido tabaco directamente. En fin, mejor para mi salud, pero ¿qué tiene que ver el género en todo esto?

- Hacer papeleo. Esto fue lo más frustrante. Ir a la policía a arreglar mi documentación y que me mareasen como si no me enterase de nada. Plantarme un día con un hombre (¡tengo la suerte de tener "hermanos" indios que son la caña!) y que nadie me vacilase. Me negué a pagar a nadie un céntimo más de lo que tocaba y me costó lo mio... Pero bueno. ¡Esta historia da para un post entero!


Y estas son las cosas que, sorprendentemente, no me hicieron tener que tragar saliva:

- Andar por la calle. Sola. Y es que a veces las miradas te desnudan, pero esto pasa más en Madrid que en Surat o Bharuch, en serio.

- Comprar en el mercado, en la calle, en los puestecitos de comida. Yo era un igual, cero problemas.

- Ir en moto. Conducir. Mujeres cracks a tope en medio del lío del tráfico.

- Viajar. En tren, en autobús, en rickshaw. Ningún problema. Es cierto que yo anduve 100% sola por zonas relativamente conocidas, en ciudades pequeñas. Y nunca, nunca, lo pasé mal por ir sola. La gente siempre me ayudaba, intentaban hablar en inglés y darme las pocas indicaciones que necesitaba. Dicen que Delhi o Agra no son tan agradables (de hecho, un amigo me contaba que lo pasaba mal pensando en que su hermana o su novia pudiesen estar andando solas por Delhi).

Y claro, me diréis, qué te esperabas. Pues no lo sé. Ya os conté otro día que me fui un poco sin pensarlo. Me pareció una buena oportunidad y la tomé. Porque ser mujer a mí nunca me ha frenado en cuanto a querer -y poder- aprender cosas nuevas o vivir nuevas experiencias. Y espero que eso nunca pase.

Nos vemos pronto,
Sofía.


PD: Si quieres saber algo más sobre lo que es ser una mujer en la India o tienes curiosidad no dudes en escribirme un mail a fulldrawers [arroba] gmail [punto] com ¡o escribirme por las redes sociales!



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