Decepciones: Parte I



¡Hola, hola! Hoy en el autobús he estado hablando con una compañera de la carrera sobre algunas de las cosas que me pasaron en la India, y luego me he quedado dandole vueltas al tema (raro en mí, eh?). Cosas me pasaron cienmil, buenas y malas. El blog fue una muy buena manera de fijarme en las buenas, las bonitas, pero nunca hablé de las cosas no tan bonitas de la India (o de Australia, por defecto), que las hay también. 

Hoy os voy a contar dos de mis grandes decepciones en la India. Son dos cosas que me esperaba que fuesen maravillosamente increíbles y con las que creía que degustaría mi estupendo paladar. Pero no. Ninguna de las dos hicieron tal sencilla labor (me encanta comer, no es difícil que me guste algo oye).

Decepción número uno: el arroz. Quien me conozca bien sabe que ADORO el arroz. En todas sus formas y colores. Especialmente el Basmati. En mi familia somos de los que vamos a los indios de Lavapiés y compramos un sacazo de 20 kilos de arroz Basmati Tilda (y este post no está promocionado por ellos, simplemente lo amamos con todo el amor del mundo). Sep. Cada un par de meses nos plantamos por allí y salimos contentos con nuestro pedazo de saco. 
Total que, tanto adorar el Basmati, yo pensando al irme a la India: esta es la mía. Pues no Sofía, no fue la tuya, porque no probaste un arroz que te gustase en los 6 meses que te pasaste en Bharat. NI UNO. Gran decepción, de verdad. A pesar de vivir con dos familias cuyas madres cocineras eran brillantes (Amita y Sangeeta), ninguno de sus arroces me convencieron. El arroz hecho en olla exprés no es lo mío, me gustan más mis propias versiones en el wok sin salir de casa aquí en Madrid.

Decepción número dos: y aquí entran mis restricciones alimenticias -que no son pocas. El té. Quien también me conozca bien sabe que el té es mi droga. Blanco, negro, rojo, verde y todo tipo de hierbas (no, esa no, ¡malpensado!). Vivo gracias al té. Es como agua (pero sin el como) que está rica rica rica. El té me hace F E L I Z. Queda claro que me gusta, ¿no?
Pues en la India, el té se hace con leche. GRAN ERROR, INDIA, GRAN ERROR. O no, seguro que está riquísimo, pero yo soy intolerante a la lactosa, así que de té nada durante 6 meses. Muy duro. En aquel paquete que me mandaron mis padres lleno de jamón y fuet se me olvidó decirles que me mandasen un par de kilos de infusiones. 
Tomar té para los indios es como beber agua, solo que te garantizas que no está contaminada (es leche envasada, y la cuecen: daño no te puede hacer), y es la cosa más fácil de encontrar. Hay puestecitos en la calle, en la carretera, tiendas, etc. Los famosos chaiwala (chai té, wala=profesión/profesional de algo) están en todas partes: nadie se olvida de Jamal Malik en Slumdog Millionaire, o de que el presidente Modi era chaiwala de joven. 

Y así estuve yo seis meses sin tomar un solo plato de arroz que me convenciera y sin poder beber nada de té. Sobreviví, eso está claro, y hubo cosas mucho peores que estas dos. Como no saber is iba a poder salir del país hasta 3 días antes de mi vuelo a Australia, no tener visado durante 2 meses, o algunos de esos trenes cutres no, lo siguiente (nada que ver con las pelis de Wes Anderson) o otras cosas que me temo que en este blog no contaré. O sí. A lo mejor sigo esta serie de decepciones de viajar. Es un poco agotador meterse en Facebook o cualquier red social y que se pinte viajar siempre como algo precioso y maravilloso sin sus partes negativas. Y al final, de esas partes negativas es de las que más aprendemos. Pesimismo-optimismo es mi nueva filosofía. 

¡Nos vemos pronto!
Sofía.

Los médicos en España me dijeron, haciendo hincapié, que jamás tomase comida de puestos callejeros. Yo no hice mucho caso la verdad. Si no tomas street food, te pierdes la mitad de la experiencia!



Trenes. Mejor forma de viajar. Peor forma de viajar. 

Chai.

Puesto de un chaiwala en la carretera en algún lugar de Rajastán.

Comimos -de la mejor comida que he probado en mi vida- en la parte de atrás de un edificio a medio construir en una especie de bancos rodeados de basura y cabras. PERO ESTABA BUENÍSIMO. Que no vea esto ningún médico.

Más puestos de chaiwalas en la carretera.

Lo mejor relacionado con el arroz es la poha. Una especie de pasta hecha de arroz que cocinan con semillas de mostaza negra, cúrcuma y chilis verdes. ¡Buenísimo!

También: ir en moto y creer que te mueres ahí mismo, y más comida.

Sofía Torres Bizou

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